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martes, 30 de diciembre de 2014

Ángeles




Ayer no tenía ganas de quedar con los sinvergüenzas de mis amigos. Tengo grupos distintos. A veces se mezclan. Pero éstos, con los que no coincidía en el fin de semana desde hacía cinco años son de los que salen cuando la Cenicienta ya se ha desmaquillado.

A pesar de ello, me vestí, me alisé los rizos y me planté en la parada del autobús de mi barrio. Tardó y se levantó un aire que invitaba a volver a casa: no me da la gana, me repetí.

Me tocó el conductor simpático, sonreí ¡tengo mucha suerte con las personas! No paró de hablar todo el camino, me enumeró las fiestas que tenemos para el próximo año: "Así no se sale de una crisis, siempre fiesta..." Oímos un ruido, es de la emisora: "Tienes que desviarte por la calle ...., van a quemar la hoguera" ¿Qué, qué?

"Esto sólo pasa en Alicante. La gente pasando calamidades y en pleno mes de diciembre, a quemar una Hoguera ¿a ti qué te parece?"



A mí mal. Es la fiesta más rara que conozco. Pero me gusta divertirme (de otra forma) En fin, que le confesé que no quería que me lincharan por la calle por hablar mal de La Fiesta. 

Pero gracias a ese pequeño contratiempo, una señora muy bajita se acercó hasta mi asiento, contrariada por tener que bajar en otro lugar... y además me pidió meterse en la conversación, pensé que me iba a pegar por algo relacionado con les fogueres.

No lo hizo y sí me contó que su hijo se había ido a Alemania porque aquí no tenía futuro y allí, trabajando mucho y estudiando el idioma, le iba bien con mucho esfuerzo, mi radar detectó a una buena persona. Bajamos en la parada fantasma y me confesó que iba hacia el Mercado Central, "ok, caminemos juntas" y en ese pequeño trayecto me contó su vida.

Ese hijo fuera, una hija en casa con una niña, una historia donde los hombres no se habían portado como lo que tienen que ser y le pregunté si había quedado con alguien.

- No, yo voy sola. Me dedico a trabajar, y siempre estoy en casa. Mi hija me ha obligado a salir. Iré a la discoteca y luego un taxi de vuelta.

- Vente conmigo, le propuse.

- No, no, que yo no quiero molestar.

- No molestas, además mi amigo Paco tiene doscientos amigos que yo no conozco, vente, serás una más y si te aburres pues te vas"

Y se vino.

Nos tomamos un zumo de piña en un horroroso y divertido pub donde ponen canciones de los Hombres G y dan ganas de matar al DJ, pero ella estaba contenta o eso parecía. Se compró una pulsera africana y bailamos. Huimos a otro lugar donde el rock y lo indie se fusionan.

Como son unos sinvergüenzas tardones, ella poco a poco se fue apagando.

"Creo que me voy, no vienen y si están a punto de llegar no quiero molestar, soy mayor..."
¡Y dale!

Y zas, de repente apareció Paco, y todos los demás, se los presenté, incluso a la modelo-actriz que nos saca a todas cuatro cabezas. Las observaba cuando hablaban, qué vidas tan diferentes, qué pequeña una y qué grande la otra. Ahí no había superficialidad ni diferencias importantes.

Se mezcló con ellos, y al final tras despedirse vi que seguía hablando con otra chica. Me encantó esa escena. Mientras tanto mi adorado Paco hablaba animado sobre la idea de montar un teatro callejero. Conocía su plan y sé que está loco en el buen sentido. Los demás me preguntaron si aquello iba en serio.

Le puso nombre al grupo, me niego a reproducirlo y mi compañera de autobús seguía hablando, bien.

Al final, encontré a un ex compañero de la universidad al que me costó reconocer (maldita moda de la barba) y fue genial. A él le va muy bien y a mí no, pero qué más da, me dio alegría. Ya sabemos que cuando uno se distancia profesionalmente, su cerebro a veces también, pero él no.

Y al terminar la charla, mi acompañante no estaba... Debió pensar que molestaba de verdad, o simplemente decidió ir a casa donde le esperaban su hija y su nieta. Ella me contó que creía que había algo ahí arriba porque siempre se encontraba con buenas personas. me robó las palabras.

Los ángeles están en la Tierra y suelen ser bajitos y muy trabajadores, prácticamente invisibles para el resto de humanos.


Luego yo seguí hablando de música, cine y bailé. También conocí a otro nuevo amigo de esos doscientos de Paco con acento porteño encantador. Pero mi primer pensamiento al levantar ha sido para ella. Porque algunas mujeres cuando salimos un sábado por la noche, lo hacemos para bailar y si el destino quiere, conocer a buenas personas, que haberlas haylas, pero nada más.

Joana Sánchez González

Imagen: Pixle

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